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Un error así
no es de recibo. La NFL no puede permitirse que los árbitros se
conviertan en protagonistas de un partido. Los 49ers ganaban por
un punto tras una remontada que debía haber pasado a la historia
por su espectacularidad y emoción y que lo hará por otro motivo.
Quedaban seis segundos y los Giants tenían la oportunidad de anotar
el field goal de la victoria. Mal snap e intento desesperado de
pase. Interferencia de la defensa sobre un jugador elegible (los
Giants comunicaron a los árbitros que el jugador lo sería en los
field goals durante todo el partido) y varios jugadores de Giants
inelegibles en zona de pase. Llueven los pañuelos amarillos, corrillo
de los árbitros que con los ojos desorbitados hubieran firmado estar
en cualquier lugar en vez de en aquel infierno. Miradas entre ellos
y carpetazo al tema. Campana y se acabó. ¡Qué descalabro!
El lunes el
comité arbitral hizo pública una nota en la que lamentaba el error.
Eso no vale. Está muy bien y honra a la NFL que se asuman los errores
pero ahora hay cientos de aficionados en la Gran Manzana pudriéndose
de asco porque un grupo de árbitros se lo hicieron en los pantalones.
En otros deportes,
el fútbol es un ejemplo, los errores arbitrales son parte del juego.
Nadie olvida que el gol de Mijatovic en la Séptima fue en fuera
de juego ¿y qué? Fútbol es fútbol y la picardía es un aliciente.
El
arbitraje del football americano es científico. No hay margen para
interpretar el reglamento. Simplemente se aplica. Y se hace bien…
casi siempre. La revisión de jugadas le ha dado un aliciente más
y estoy convencido de que con los años el arbitraje seguirá buscando
soluciones que eliminen el error. Llegaremos a los partidos sin
árbitros en el campo y con control total del juego por televisión,
seguro, porque en este deporte los errores arbitrales son nefastos.
En el reino de la precisión, cuando una ruta mal hecha puede cambiar
el signo de un partido, no se puede admitir que un árbitro se asuste.
Y llevaban muertos de miedo varios minutos. Los jugadores se habían
dado cuenta y fingían, exageraban y se increpaban como estamos acostumbrados
a ver en el fútbol europeo y casi nunca contemplamos en la NFL.
Se les había ido el partido de las manos.
Eso no quita
que los Giants tiraran el partido. Durante los tres primeros cuartos
habían dado la mayor exhibición de football americano que habíamos
visto desde la etapa mágica de los Rams. Drives largos, largíiiiiiiiiiiiisimos.
Por tierra, por el aire, volviendo locos a unos 49ers que rozaban
el ridículo. Una defensa demoledora y un estado de euforia que hacía
imposible soñar con algo distinto que una paliza final.
Entonces llegó
lo que nunca he entendido de este deporte. ¿Por qué dejó de presionar
la defensa de los Giants? Desaparecieron los blitzs y comenzó el
control del reloj. ¿Pero por qué? Lo llevo viendo muchos años y
nunca he visto que funcionara. La defensa que había maniatado a
los 49ers durante tres cuartos se limitó a contemplar como volaban
los balones en todas direcciones. ¡Qué desperdicio!
Mientras los
49ers se agigantaban sus rivales empequeñecían y mitraban el reloj.
Los árbitros dieron la puntilla pero fueron los propios Giants los
que desperdiciaron una oportunidad histórica. Qué equipo tan bonito
ha caído en wild cards.
El
Jets-Colts no tuvo historia. Fue un calco de la paliza de los Jets
sobre los Packers la semana anterior. Los Colts no tienen sangre
y así no se puede jugar un partido a vida o muerte. En ese equipo
hay una falta de fe que impide cualquier cambio de marcha. Sin capacidad
de reacción, sin soluciones, sin ambición… un juguete. Los Jets
lo volvieron a bordar y siguen siendo el equipo de moda.
Algo
similar ocurrió en Green Bay. Vick le ganó el duelo a Favre y los
Packers fueron un equipo desangelado que parecía estar en otro sitio
en vez de jugándose el todo por el todo en su fortín del Lambreau
Field. Atlanta tampoco hizo demasiado; fueron a lo suyo, no cometieron
errores y esperaron los del rival. Se terminaron los récords de
unos Packers que empezaron la temporada con el equipo muy justito,
vivieron mientras pudieron de la genialidad de Favre y se sumieron
en un letargo de lesiones importantes del que no han podido despertar.
Los de Green Bay necesitarán reforzarse mucho y en muchas posiciones
para no dar por finalizada una década en la élite.
El Steelers-Browns
fue la otra joya de la jornada. Todo empezó de la peor forma posible
para los señores del acero. Sus puntos débiles son las pérdidas
de balón y una secundaria plagada de lesiones. En muy poco tiempo
los Browns habían sacado petróleo tanto de las recuperaciones de
balón como de los pases profundos. Entonces a los de Cleveland les
entró el miedo a ganar, se les heló la sangre en las venas y dejaron
escapar el partido mientras Maddox afilaba sus uñas y daba un espectacular
concierto de pases para que los Steelers remontaran como sólo saben
hacer los grandes guerreros.
Me
encantan estos Steelers, son un equipo espectacular y con ángel.
Da gusto verles jugar pero sus talones de Aquiles es demasiado evidentes.
Su secundaria es un coladero y la línea de ataque no domina como
ha sido tradicional. Los Titans pueden ganarles por la línea, los
Jets o los Raiders por la secundaria. Eso sí, que nadie se fíe.
Los señores del acero siguen teniendo a su favor el poder de la
sangre.
Y así transcurrió
el fin de semana. La jornada de la sangre. La que le sobró a Jets
y Falcons y le faltó a Colts y Packers. La que se les heló a los
Browns y entró en ebullición en los Steelers. La que fluyó a chorros
en San Francisco y le succionarían a los árbitros de ese partido
si se atrevieran a dar un paseo por Central Park.
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