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   Domingo, 7 de septiembre de 2008    

  Mariano Tovar
TITANES Y TIERNECITOS


Que nadie os engañe. No perdieron los Steeleres, ganaron los Titans. No fueron los de Cowher los que dejaron escapar oportunidades, fueron los de Fisher los que siempre les tuvieron controlados. No se puede negar que Washington hizo lo que pudo durante la prórroga para que su equipo perdiera pero los Steelers habían llegado al tiempo extra a merced de los Titans.

Maddox sufrió una intercepción en la primera jugada del partido. Los Titans anotaron rápidamente y volvieron a conseguir otra anotación casi meteórica. Los de Cowher estaban fuera del partido, no conseguían establecer un juego de ataque fluido y en defensa eran incapaces de frenar a McNair que durante todo el partido dio una lección magistral de lo que debe ser un quarterback.

Sólo los fumbles de George permitían a los Steelers seguir vivos. Luego, los retornos de Randle El y los golpes de genio de Maddox les permitieron aspirar a la victoria pero, en realidad, eran los Titans los que controlaban el partido.

Para los rivales de los de Tennessee es exasperante ver como el ataque rival fluye como agua entre los dedos a pesar de que permanentemente da la sensación de ir a trompicones. Y eso no es nuevo, lleva siendo así desde hace cuatro o cinco temporadas. Saben salir de situaciones desesperadas con una simpleza sin igual en la NFL. Ayer no les funcionaba la carrera pero McNair me movió casi a placer en el pase corto, corrió cómodamente cuando le hizo falta y tuvo en Wycheck, Mason y Bennett a unos cómplices perfectos. Sólo tuvo problemas serios en el pase largo. Dos intercepciones, que fueron menos importantes que las perdidas de balón de George porque no dejaron al rival buenas situaciones de campo, confirmaron que esa no es el arma de los Titans.

Aún así los Steelers se despidieron como gigantes. Son un auténtico equipazo. La semana pasada lamenté la eliminación de los Giants y hoy lamento la de los señores del acero. En Nashville los dos equipos demostraron que son muy grandes.

En los otros tres partidos la tónica fue similar. Perdieron los más tiernos. Aún es pronto para Pennington y Vick y los 49ers nunca debieron haber llegado a play offs.

Hoy, en la prensa de Nueva York se lamentan de que a los Jets les faltaron tablas. Eso es lógico si te enfrentas a un equipo en el que la media de edad de los jugadores clave supera los 35 años. Tal vez el problema sea la falta de regularidad de los Jets. Lo hemos dicho a lo largo del último mes: cuando entran en resonancia se convierten en imparables pero también entran en simas de juego en las que se vuelven muy frágiles. Ante los Raiders, enrachados como estaban, fueron capaces de reducir el efecto de la crisis y mantenerse vivos, pero era evidente que terminarían por romper. Pennington estuvo muy por debajo de las expectativas y Gannon volvió a confirmar que ganó el MVP con total merecimiento. El partido fue igualado hasta el final pero los Jets nunca dieron la sensación de poder ganarlo. Aún así, deben despedirse contentos de la temporada tras su fenomenal papel.

El Eagles-Falcons tuvo un guión bastante parecido. La defensa de los Eagles y el regreso de McNabb fueron suficientes para dejar en la cuneta a unos Falcons que habían superado su límite con la clasificación. Vick fue parado desde el primer drive y la defensa nunca estuvo a la altura de los Eagles. Estaba cantado y ocurrió. Los Eagles son mucho mejores y punto.

El Bucs-49ers fue triste. Los 49ers, y que me perdonen sus aficionados, nunca debieron llegar a esta ronda. Estaban fuera de sitio, como invitados a una fiesta en la que no conocen a nadie. Los Bucs les humillaron en ataque, en defensa y en equipos especiales. Sobró toda la segunda parte (y si me apuráis gran parte de la primera). Esta vez ni García ni Owens fueron capaces de sacar el conejo de la chistera y Johnson calló la boca a todos los que decían que no estaría a la altura de los play offs (a mí, el primero). ¡Cómo eché de menos disfrutar de un Bucs-Giants mientras veía arrastrarse por el campo a los 49ers! A principio de temporada estaba convencido de que éste podía ser su año, pero a estas alturas pienso que el equipo deberá fichar muy bien en la agencia libre y en el draft para taponar todas las grietas por las que se escapa el fuel.

Los Bucs tuvieron a Alstott y a Johnson en estrellas. Uno corrió lo que quiso y otro pasó a placer. La defensa de los Eagles no se lo debe poner tan fácil pero con un QB jugando a ese nivel los Buccaneers pueden dejar en evidencia a cualquiera. El muñeco diabólico ha puesto a funcionar una máquina demoledora.

Tenemos toda la semana para analizar las finales de conferencia pero a día de hoy, en caliente, todos tienen argumentos para ser campeones. Un año más, y van…, los equipos con grandes defensas se imponen en la NFL.


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