|
Las
opciones de Texas para optar a la Conferencia Big 12 y entrar en
la final nacional si fallaban Ohio State o Miami pasaban por vencer
el sábado pasado a su vecino Texas Tech. Para ello su principal
baza era la única defensa que ha conseguido este año, tras vencer
la semana pasada a Baylor por 41-0, en la NCAA I-A dejar a tres
equipos a cero en el marcador. El principal obstáculo al que tenían
que hacer frente ante Texas Tech era su QB, Kliff Kingsbury.
Kingsbury ha
acumulado actuaciones espectaculares a lo largo de toda su carrera
universitaria, pero si ha habido un equipo que se le ha resistido
era Texas, al que no ha conseguido ganar en sus tres enfrentamientos
anteriores. Este sábado tenía su última oportunidad ante una defensa
que es la segunda a nivel nacional contra pase, solo permitiendo
una media de 125 yardas por partido. Las armas que esgrime el QB
senior de Texas Tech son un promedio de unas 400 yardas de pase
por partido y el récord de la NCAA de intentos de pase en un partido
que batió hace dos semanas junto a los 35 TDs que ya ha sumado esta
campaña. Sus cifras la semana pasada fueron 38 pases completados
de 49 intentos para 425 yardas y cuatro TDs.
Pues
nada, Kingsbury no desaprovechó la oportunidad y se despidió de
los Longhorns cuajando un magnífico encuentro que desbarata las
ilusiones de Texas de quedarse con el título de la conferencia y
seguir optando a jugar la Fiesta Bowl, sede del campeonato nacional
esta temporada. Texas no encontró la manera de frenar al jugador
estrella de los Red Raiders y de este modo Texas Tech se convierte
en el mejor equipo del estado de Texas. Del vencedor del enfrentamiento
de la próxima semana entre Texas Tech y Oklahoma saldrá el rival
que tendrá que enfrentarse en la final del Conferencia Big12 a Colorado
Buffaloes.
Kingsbury dirigió
a la perfección la sinfonía ofensiva de su Head Coach Mike Leach
con 38 pases completados de 60 intentos para 473 yardas y la friolera
de seis TDs. De esta manera se convierte en el sexto jugador en
la historia de la NCAA en superar las 4000 yardas de pase y 40 TDs
en una sola temporada., además de ser ya el cuarto jugador en número
de yardas con un total en sus cuatro años de 11.831 yardas. Dejando
de lado las estadísticas , Kliff Kingsbury ensombreció por completo
a el QB rival Chris Simms, que con un fallo clave en el último periodo
del partido ha vuelto a dejar escapar uno de los partidos que se
denominan "grandes".
Kingsbury
completó su último pase de TD, una conexión de 25 yardas con Taurean
Henderson, a falta de 5:41 para el final del encuentro. Simms trató
de reaccionar a esta última anotación, pero fue interceptado cuando
trataba de pasar a B.J. Johnson en un último intento de mantener
con vida las aspiraciones de títulos en los Longhorns para esta
campaña. Con Texas sin tiempos muertos, los Red Raiders se dedicaron
casi en exclusiva a recorrer el terreno de juego de forma terrestre,
consiguiendo desesperar a la defensa de Texas, que se veía incapaz
de frenar al otro jugador destacado en las final de Texas Tech,
el RB Wes Walker. Los Red Raiders alcanzaron tres primeros downs
que les permitieron continuar con la posesión del ovoide hasta que
el tiempo se agoto en el cronómetro.
Wes Walker finalizó
el encuentro con 247 yardas totales de ataque. Atrapó catorce pases
para sumar 169 yardas en juego aéreo y dos TDs. En su faceta como
corredor tomó el balón en cuatro ocasiones registrando 40 yardas.
Walker es un completísimo jugador que también retorna los punts,
añadiendo 38 yardas en su cuenta con tres retornos.
Esta
derrota ha sido un duro golpe para Texas y su entrenador principal
Mack Brown. La derrota del pasado ante Oklahoma dejaba a los Longhorns
sin apenas esperanzas de llevarse el título de la Conferencia Big
12, pero sobreponiéndose a esa derrota aún conservaban esperanzas
de colarse en la Fiesta Bowl. Estas esperanzas mueren en un partido
donde la quinta defensa a nivel estadístico de la competición quedo
en evidencia por las 306 yardas que Texas Tech sumó en la primera
mitad, más otras 300 yardas en la otra mitad.
|