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   Miércoles, 3 de diciembre de 2008    
Temporada 2002-2003 NFL
Semana 15

Semanas: / 1 / 2 / 3 / 4 / 5 / 6 / 7 / 8 / 9 / 10 / 11 / 12 / 13 / 14 / 15 / 16 / 17 /
Titans
0
14
7
3
24
Patriots
0
0
7
0
7
Lunes, 16 de diciembre



McNair campó a sus anchas mientras Brady estuvo muy apagado

LA HORA DE LA ANGUILA

Los Titans son como un martillo neumático. Exasperan a sus rivales con un juego machacón que agota al más pintado. Cuando parece que una jugada está terminada, o que un drive va a morir, son capaces de sacarlo adelante. A trompicones, como de casualidad, pero siempre con una capacidad increíble para salir de todos los atolladeros.

El equipo es así desde hace años. Cuando cambiaron su nombre de Oliers a Titans parece que adoptaron las características que se le supone a su denominación de titanes. Jeff Fisher ha conseguido que el 'trompicón' sea un estilo de juego. Y un estilo eficiente.

Alguna vez te he contado que los Jaguars han sido en los últimos años mi equipo favorito. Y dentro de los Jaguars, aquel bloque en el que Boseli era el mejor línea ofensivo de la liga, Brunell un quarterback admirado y Taylor un corredor increible que no estaba siempre lesionado. Ellos fueron los primeros que sufrieron a los Titans de los trompicones, al equipo de la anguila. Sólo tres derrotas en toda la temporada y todas ellas contra Tennessee. Cuando veía el partido del lunes me acordaba de aquellos duelos épicos. El guión fue el mismo. McNair, saliendo de lesiones, en malas condiciones físicas, supuestamente al 50%, atravesando el campo mientras sus rivales miraban incrédulos. No es una casualidad que la remontada de los Titans de esta temporada empezara con una victoria en Jacksonville en el primer partido en el que McNair y George jugaron a placer.

Los comentarios de sus rivales hace cuatro o cinco años se repiten en la actualidad. Los Titans enseñan sus verdaderas armas cuando parece que la jugada se ha terminado. Cuando cada receptor está maniatado, cuando McNair está acosado, cuando todo parece indicar que una jugada va a terminar con pérdida de yardas, aparece el QB de Nashville y se atraviesa el campo con una potencia imperial.

McNair no es un buen pasador, nunca lo ha sido. Tampoco es muy rápido ni ejecuta con precisión las jugada de engaño. McNair es una anguila. Cuando todo parece perdido sabe sacarle el máximo partido a su situación detrás de la línea de scrimmage. Amaga una y otra vez mientras sus rivales le caen encima y el los esquiva como si estuviese embadurnado de grasa animal. La jugada se rompe poco a poco, los defensas van perdiendo la posición, el campo abierto emerge de la niebla y Steve McNair empieza a correr. Con movimientos de cintura se quita de encima a todo aquel que le sale al paso y destroza a la defensa. En otras ocasiones pasa in extremis a George que ejecuta con la misma precisión la jugada de los trompicones.

Esa mecánica hace que el juego de los Titans sea más efectivo que espectacular. No es un equipo especialmente divertido pero sí muy eficiente. Vale con escuchar las declaraciones de las defensas rivales tras terminar los partidos. Acaban con la moral por los suelos. Son incapaces de entender lo que ha sucedido. Todo lo han hecho como estaba previsto pero nada ha salido como se esperaba. El juego del trompicón, la amenaza de la anguila, ha hipnotizando a los rivales de los Titans durante los últimos cinco años mientras Jeff Fisher, su head coach, convierte en un arte lo que podría parecer un defecto.

Si a eso sumamos que la defensa de Tennessee pega más que nadie, nos encontramos con que es un equipo capaz de sacar los colores a cualquiera. Eso hizo la noche del lunes con los Patriots. Los actuales campeones, renacidos hasta ese momento, parecían un juguete en manos de sus rivales. Nada funcionaba ni en ataque ni en defensa y la exasperación terminó por derrotarles. La anguila se les escapaba de las manos una y otra vez.

McNair no pasará ni será un jugador elegante; no liderará ningúno de los apartados dedicados a los QB en el mundo de las estadísticas ni levantará pasiones fuera de Tennessee pero ha convertido en un arte el juego de la angula. ¿O será que se embadurna de grasa antes de los partidos?


 

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