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   Miércoles, 3 de diciembre de 2008    

  Jon Gruden ha revolucionado a los Bucs
ASÍ ES EL MUÑECO DIABÓLICO



UN GANADOR NATO.
La carrera de Jon Gruden ha sido meteórica y ha triunfado en todos los equipos por los que ha pasado. Era considerado el entrenador del futuro y ahora casi es un mito.

       
JOSÉ MANUEL MORENO
NUEVA YORK
 

Tampa Bay es el equipo más inteligente de la NFL. Por un puñado de dólares y un grupo de jugadores sin experiencia está hoy en la Super Bowl y tiene al hombre que todos los clubes rivales quisieran tener como entrenador.

A Jon Gruden se le quede amar o se le puede odiar. Pero nadie pone en duda que es uno de los mejores entrenadores de la National Football League y los Bucaneros son la mejor prueba para demostrarlo.

Es más que una "pretty face", un carabonita que se mesa el cabello cuando sabe que las cámaras le miran o que mueve su cara dependiendo del plano del guionista de turno. Hijo de un entrenador, heredó de su padre el sentido de la disciplina, la intensidad y la motivación.

Gruden comenzó su carrera, en 1990, en San Francisco como asistente ofensivo, luego fichó por Green Bay como encargado de los "wide receivers" y desde 1995 a 1997 fue el coordinador en ataque de Filadelfia.

A los 34 años se convirtió en el entrenador jefe más joven de la Liga cuando fichó en 1998 por los Raiders. Durante cuatro años que pasó en el conjunto californiano como entrenador revivió al club y terminó con un parcial de 38-26 y se quedó muy cerca de llegar a la Super Bowl. En el 2000 fue eliminado por Baltimore y el pasado año sólo un claro error arbitral frente a Nueva Inglaterra impidió que su equipo estuviera en la gran fiesta.

Tiene muchas manías, le acusan de derretirse ante una cámara de televisión y odia a la gente que hace ruido comiendo.

Cada día se levanta antes de las 3:30 de la mañana, conduce su coche a las instalaciones de su equipo a las afueras de Tampa Bay y se pone delante de la pizarra a preparar jugadas o se sienta ante un vídeo para ver al equipo rival.

"Si me dice que salte del Puente Walt Whiman, lo haré", ha declarado Warren Sapp, el más famoso de sus jugadores y un hombre que tiene una boca tan grande como su inmenso cuerpo. El portavoz oficial de los Buccaneers mantiene que el entrenador es la razón por la que un equipo que siempre se quedaba corto esté hoy en San Diego y con muchas posibilidades de ganar la Super Bowl.

Tampa Bay pagó 8 millones de dólares a los Raiders y les dio cuatro jugadores del draft de novatos del año pasado para que Gruden pudiera salir de su último año de contrato con el conjunto de Oakland y fichar por su nuevo equipo. Hoy esa apuesta parece ganadora.

"Me gustaría seguir jugando en febrero y en marzo porque es una delicia estar a su lado. Su manera de ser es contagiosa", ha dicho Brad Johnson, el quarterback de los Bucs y el hombre que el domingo en el campo deberá dirigir a un equipo al que los apostadores de Las Vegas no le dan favorito. Esa si que es una apuesta perdedora.


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