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Tampa Bay es
el equipo más inteligente de la NFL. Por un puñado de dólares y
un grupo de jugadores sin experiencia está hoy en la Super Bowl
y tiene al hombre que todos los clubes rivales quisieran tener como
entrenador.
A Jon Gruden
se le quede amar o se le puede odiar. Pero nadie pone en duda que
es uno de los mejores entrenadores de la National Football League
y los Bucaneros son la mejor prueba para demostrarlo.
Es más que una
"pretty face", un carabonita que se mesa el cabello cuando sabe
que las cámaras le miran o que mueve su cara dependiendo del plano
del guionista de turno. Hijo de un entrenador, heredó de su padre
el sentido de la disciplina, la intensidad y la motivación.
Gruden comenzó
su carrera, en 1990, en San Francisco como asistente ofensivo, luego
fichó por Green Bay como encargado de los "wide receivers" y desde
1995 a 1997 fue el coordinador en ataque de Filadelfia.
A los 34 años
se convirtió en el entrenador jefe más joven de la Liga cuando fichó
en 1998 por los Raiders. Durante cuatro años que pasó en el conjunto
californiano como entrenador revivió al club y terminó con un parcial
de 38-26 y se quedó muy cerca de llegar a la Super Bowl. En el 2000
fue eliminado por Baltimore y el pasado año sólo un claro error
arbitral frente a Nueva Inglaterra impidió que su equipo estuviera
en la gran fiesta.
Tiene muchas
manías, le acusan de derretirse ante una cámara de televisión y
odia a la gente que hace ruido comiendo.
Cada día se
levanta antes de las 3:30 de la mañana, conduce su coche a las instalaciones
de su equipo a las afueras de Tampa Bay y se pone delante de la
pizarra a preparar jugadas o se sienta ante un vídeo para ver al
equipo rival.
"Si me dice
que salte del Puente Walt Whiman, lo haré", ha declarado Warren
Sapp, el más famoso de sus jugadores y un hombre que tiene una boca
tan grande como su inmenso cuerpo. El portavoz oficial de los Buccaneers
mantiene que el entrenador es la razón por la que un equipo que
siempre se quedaba corto esté hoy en San Diego y con muchas posibilidades
de ganar la Super Bowl.
Tampa Bay pagó
8 millones de dólares a los Raiders y les dio cuatro jugadores del
draft de novatos del año pasado para que Gruden pudiera salir de
su último año de contrato con el conjunto de Oakland y fichar por
su nuevo equipo. Hoy esa apuesta parece ganadora.
"Me gustaría
seguir jugando en febrero y en marzo porque es una delicia estar
a su lado. Su manera de ser es contagiosa", ha dicho Brad Johnson,
el quarterback de los Bucs y el hombre que el domingo en el campo
deberá dirigir a un equipo al que los apostadores de Las Vegas no
le dan favorito. Esa si que es una apuesta perdedora.
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