Fue un 25 de octubre de 1997. Hace
ahora siete años. Y en el mejor escenario posible para él, fanático
de Boca: el estadio Monumental de River Plate. El 1-2 lo elevó al paroxismo
y quedó como el último partido oficial disputado por Diego Armando
Maradona, un mito del fútbol que no superó, en lo personal, el miedo
a lo que representó su grandeza.