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| Los
coreanos, anfitriones, tienen la responsabilidad
de pasar a segunda fase. /AS |
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El
hecho de ser país anfitrión es un arma
de doble filo para Corea del Sur. Por un lado, la calidad
de los coreanos no es tan grande como para exigirles
grandes gestas, pero al tiempo el estar ante su público
les obliga a hacer algo distinto a anteriores citas
mundialistas.
Porque
para Corea del Sur, jugar una fase final no es nada
fuera de lo común. Con el de 2002 serán
seis consecutivas, aunque hasta ahora nunca han conseguido
superar la primera fase de ninguna. Por eso, esta se
presenta como la ocasión perfecta para que los
hombres del holandés Guus Hiddink den una alegría
histórica a sus seguidores.
Hiddink es el técnico coreano desde enero de
2001, y ostenta el orgullo de ser el primer extranjero
en ocupar ese banquillo. Históricamente, sus
hombres nunca han ganado un partido en un Mundia, pero
el ex entrenador del Real Madrid confía en romper
la estadística con jugadores com el delantero
Seol Ki-hyun, en las filas del Anderlecht belga. Eso
sí, Guus Hikkink y los suyos necesitarán
mucha suerte, además de mucho apoyo desde las
gradas.
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