Carlos Miquel | 15/05/2006
La afición me ha hecho sentirme invencible". Emocionado todavía con su victoria, Fernando Alonso agradeció a los 131.200 espectadores el impulso extra que le dieron para firmar la mejor carrera de su vida. Una lección magistral a Michael Schumacher, que aún en el podio no sabía porqué una apisonadora azul le había pasado por encima. El Kaiser hablaba de neumáticos, del aire, de que deben rodar más en Barcelona Más allá de la lógica, lo que le venció ayer fue un superpiloto en estado de plenitud absoluta.
A Nano le ayudó también la conjura del universo que sucede cuando mucha gente desea algo con fuerza. Subió la temperatura hasta los 28 grados y las Michelin recuperaron la regularidad y constancia. Renault jugó bien sus cartas y el mago de Asturias se marchó hacia la victoria con un ritmo en carrera atroz. Siempre en 1:17. Como si el mundo se fuera a acabar mañana. En 17 vueltas le sacó 13 segundos al Kaiser con los que sentenció su primera victoria en España. En su carrera número 75 en F-1. El cincuentenario del GP de España. Y ahora que Ferrari asustaba más que nunca. Schumi está a quince puntos, pero por encima de esto queda el golpe moral de esta derrota sin paliativos. La que demuestra que el ovetense es, en su estado de confianza actual, el mejor piloto del mundo. Un gigante.
Como en todas las victorias del ovetense, su triunfo no se basó sólo en la punta de velocidad. Puso el coche a punto para volar en la parte intermedia de la pista, a pesar de sacrificar la velocidad máxima en recta. En Barcelona resulta casi imposible adelantar, así que la jugada no era nada mala. Fisichella (esta vez un buen compañero que cedió su posición y se colocó delante de Michael) optó por menos ala y tuvo muchos más problemas en las curvas, excursión por la tierra incluida. El caso es que en carrera Alonso asoló a sus rivales precisamente en esa zona intermedia del trazado.
Al final de carrera no sólo le endosó 18 segundos a Schumi, a su compañero de equipo con el mismo coche lo dejó a la friolera de 23,9 y dobló incluso hasta al séptimo clasificado, Barrichello. A Raikkonen (quinto) y Button (sexto) casi les saca un minuto. Michael iba más largo de salida y, a pesar de parar seis vueltas después, sólo le recortó un par de segundos antes de la primera detención. Incluso con ruedas usadas y a la salida de boxes el asturiano era veloz. Había que frotarse los ojos para creerse una demostración así, después del tiempazo de entrenamientos del heptacampeón. A igualdad de condiciones, el 248 era el sábado cuatro décimas por vuelta más veloz. Fernando destrozó las simulaciones de carrera de Renault, que le daban perdedor en todos los casos. Algo que, en cierto modo, se cumplió, porque el Kaiser batió a Fisico, el otro Renault. Es decir, que los Ferrari eran más veloces. Fue el ovetense quien marcó la diferencia. Tanto corrió que Pat Symonds tuvo que anular su intención inicial de realizar tres paradas. Una opción que valoraban muy seriamente antes de la carrera.
Tras el primer pit stop llegó el momento de la verdad. El astro germano se quedaba a once segundos. Los dos cara a cara. Ahí, con ruedas viejas en el bando azul, Todt y Brawn se desmoralizaron. Su piloto atacó con todo y comenzó a bajar sus registros (1:17.7, 17.5, 17.4), alguien pensó en Nurburgring, pero Fernando respondía con neumáticos usados con tiempos a la milésima. Después, sobrevoló a los doblados, con los que le ganó otros tres segundos a su rival, y apagó por completo sus ansias de victoria. Fueron momentos en los que el equipo de ingenieros de motor que dirige Denis Chevrier decidió jugársela a ganador. Con un propulsor en su segunda carrera optaron por ponerle todas las revoluciones, algo que no pudieron hacer en Nurburgring, para proteger a su piloto. Y lo hicieron así hasta final de carrera. Toda una exhibición de fiabilidad.
Las últimas vueltas fueron momentos para disfrutar. Para pensar en la undécima victoria del vigente campeón, que entra en el club de los 21 mejores de la historia y se convierte en el tercer piloto con más triunfos en activo: iguala a Villeneuve y sólo Coulthard (13) y Michael (86) le superan. Tanto disfrutó Alonso con un triunfo que compara a la corona de Brasil, que entró en meta dando volantazos. Se abrazó al Rey y éste le dijo: "Enhorabuena, Fernando, muy buena carrera". Saludó hasta tres veces al público.
Una hora después de la carrera se encaramó al muro de boxes con los mecánicos de su equipo, y les dedicó el trofeo a varios miles de aficionados que quedaban en la tribuna de meta. No contento con ello, el para algunos antipático y soberbio deportista, cruzó la línea de meta y se fue el pie de la valla entre gritos de "¡Alonso, Alonso!". Algo que nunca le veremos hacer a Michael Schumacher. Su exhibición convenció a todos, desde el pasado español en la F-1, Luis Pérez-Sala, a alguien que podría ser el futuro, Adrián Vallés. Ambos coinciden en una cosa: "Alonso volverá a ser campeón del mundo, seguro". El champán corrió en Renault y todos brindamos porque, si el coche no se rompe, la segunda corona ya está encarrilada.
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