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J. Margalef | 15/10/2007
El 27 de abril de 1975 un trágico accidente durante el GP de España de Fórmula 1, protagonizado por el piloto alemán Rolf Stommelen y que acabó con la vida de cuatro personas, sentenciaba al Circuito de Montjuïc de Barcelona, donde ya no se disputarían más carreras automovilísticas.
Ayer, después de treinta y dos años, los monoplazas de Fórmula 1 volvieron a recorrer su trazado con motivo del 75º aniversario de su creación. Más de doscientos mil aficionados vibraron con sus ídolos durante toda la exhibición.
Los monoplazas no eran los actuales, pero la presencia de nombres míticos como el bicampeón mundial brasileño Emerson Fittipaldi, pilotando el legendario Lotus 72 con el que ganó su primer título mundial en Barcelona en 1973; del español Marc Gené, a los mandos del Ferrari 248, o del francés Henri Pescarolo, vencedor de las 24 Horas de Le Mans de 1972, y que volvió a pilotar su BRM P201 con el que disputó el GP de España de 1974 en ese mismo escenario, no decepcionaron a nadie.
Mención especial fue el mano a mano realizado por Marc Gené y Emerson Fittipaldi en el recorrido, cada uno con su monoplaza, y que levantó auténtica pasión entre los asistentes. Un total de ochenta vehículos participaron en la histórica jornada, dieciséis de ellos de Fórmula 1 y la iniciativa denominada Martini Legends desbordó todas las previsiones de los organizadores. Revivir en la llamada Montaña Mágica los grandes momentos de tres décadas atrás fue algo inenarrable.

En la corta especial que terminará de desempatar a los competidores, las pistas y dunas deben saborearse y no descuidarse. Los retos cronométricos ahora son irrisorios y prevalece el placer del resultado. En el centro de la capital, los héroes de la edición 2012 pueden contar con una celebración a la altura de sus emociones.

