Miércoles, 20 de Agosto de 2008
M. Chércoles | 29/06/2008
Cuando la victoria se convierte en asunto de vida o muerte, conseguirla da más satisfacción por el alivio que supone que por la alegría propia de ganar. Dio fe de ello Álvaro Bautista, cuyos gestos de rabia y furia al cruzar la meta de Assen como ganador hablan de la importancia de su triunfo, el segundo de la temporada.
Su victoria en Holanda también tuvo sobresaltos. Arrancó con una mala salida, su rueda delantera se tocó con la trasera de otro piloto, y pasó así de la pole a la décima posición. A diferencia de Francia, donde se quedó bloqueado en una situación parecida, ayer agarró al toro por los cuernos y se puso a adelantar a todo el que tenía por delante, hasta llegar a Luthi, el líder en el momento en el que se puso segundo.
La desventaja del español con el suizo llegó a ser de cuatro segundos mientras se encontraba inmerso en plena remontada. Cuando ya no había ningún piloto entre ambos, era de tres y con 18 vueltas por delante. Viendo su ritmo, estaba claro que Bautista le acabaría dando caza. Lo hizo sin problemas, seis vueltas después, y rápidamente inició su escapada.
Todo estaba visto para sentencia cuando empezó a llover levemente. Como la carrera se había declarado en mojado, no había que pararla y Bautista decidió ralentizar su marcha para que fuera Luthi quien hiciera el gasto. Cuando cesó la lluvia, el español pasó de nuevo al ataque y en las seis vueltas finales le metió un churro al suizo. El pinchazo del líder, Kallio (7º), le hace además creer de nuevo en el título. Su temporada es una montaña rusa.
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