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Rafa Payá | 03/07/2009
El circuito de Boavista (Portugal) recibe la séptima prueba del Mundial con Yvan Muller (Seat) como líder. En Oporto también correrá Alessandro Zanardi, ganador de una manga en la anterior cita de Brno, la cuarta de su carrera. Su historia une desgracia y éxito. Nació en Bolonia, en 1966, su padre, Dino, era fontanero, y su madre, Anna, cosía. Su hermana Cristina iba para estrella de natación, pero a los 15 años murió en un accidente de coche. Tras la desgracia, el proteccionismo paterno evitó que, con 13 años, le compraran una moto. A cambio recibió un kart: "Mejor que corra en un circuito que en la calle", les dijo el dueño de la tienda.
Zanardi fue tres veces campeón de Italia y una de Europa. De ahí pasó a la F-3, a la Fórmula 3000 y a la F-1, donde corrió en Jordan, Minardi y Lotus. Sin grandes resultados, pero con los mejores. Se fue a EE UU y ganó dos años la CART. Volvió en 1999 a Williams F1 y tras ser sustituido por Button se retiró. En 2001 regresó a la CART y el 15 de septiembre tuvo su brutal accidente en Lausitzring (Alemania).
En una prueba casi cancelada por respeto a las víctimas de las 'Torres Gemelas', Alex era líder bajo la lluvia cuando, al salir de boxes, hizo un trompo y se quedó cruzado. Tagliani lo embistió a 330 km/h. Perdió las dos piernas y casi la vida. Al salir del coma y ver su discapacidad dijo: "Estoy vivo. Encontraré un camino para ilusionarme". A los dos meses ya conducía un coche preparado por BMW. La piña que lleva en su casco, símbolo de tozudez y determinación, evidencia lo que ha sufrido. Su mujer Daniela y su hijo, Niccolo, han sido claves para superarlo. Igual que su amigo, Claudio Costa, médico de MotoGP.
Pilota su BMW con las manos, salvo el freno. Para ello presiona con enorme fuerza el pedal con la prótesis de la pierna derecha: "Necesito sentirlo", explica. Y con humor va más allá: "Tenemos tal avance técnico que sólo mejoraría si me crecen nuevas piernas". Tiene otro sueño: disputar el maratón de los JJ OO de Londres. Seguro que lo consigue.

En la corta especial que terminará de desempatar a los competidores, las pistas y dunas deben saborearse y no descuidarse. Los retos cronométricos ahora son irrisorios y prevalece el placer del resultado. En el centro de la capital, los héroes de la edición 2012 pueden contar con una celebración a la altura de sus emociones.

