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M. Franco | 16/02/2010
Estaba a casi cincuenta metros de vivir su instante eterno, con la bandera de cuadros de Daytona volando por encima de su coche, cuando Jamie McMurray comenzó a llorar. No podía parar. Y sus mayores esfuerzos después de ganar la carrera más importante de Estados Unidos se limitaban a intentar calmarse. Al bajar del Chevrolet número uno se fue al óvalo de la victoria, besó la tierra del circuito que le ha hecho pasar a la historia y no comenzó a secarse las lágrimas hasta que abrazó a su mujer Christy con todo su equipo rodeando al héroe del día.
Allí estaban también Chip Ganassi y Felix Sabates, los dos hombres que han cambiado la vida de este piloto de 33 años. Y es que no hay nada mejor que dar confianza al talento. A principios de año, McMurray, apodado Big Mac en un ejercicio de ingenio sin límites, estaba sin equipo. Desde esta temporada se limitan a cuatro los pilotos por equipo y en Roush Fenway decidieron prescindir de McMurray. Ganassi y Sabates lo rescataron para la competición días antes de las 500 Millas. Y ayer su antiguo compañero Greg Biffle, tercero final, fue el rebufo que atrapó Jamie para ganar por 119 milésimas, una de las distancias más cortas en la legendaria prueba.
James Christopher McMurray nació en 1976 en Joplin, un pequeño pueblo de Missouri y a los diez años ya ganó el campeonato Go Kart de Estados Unidos. Con 16 años comenzó a pilotar modelos de la Nascar, pero no fue hasta 2003 cuando compitió en la máxima categoría de los coches de producción. Fue el novato del año. Después su carrera ha sido una montaña rusa de resultados hasta quedarse en el paro en enero... hasta ganar Daytona en febrero. Su sobrina enferma le convirtió en uno de los máximos impulsores en su país en la lucha contra el autismo. Ayer, le regaló con la mirada su viaje desde la nada... con destino a la gloria.

En la corta especial que terminará de desempatar a los competidores, las pistas y dunas deben saborearse y no descuidarse. Los retos cronométricos ahora son irrisorios y prevalece el placer del resultado. En el centro de la capital, los héroes de la edición 2012 pueden contar con una celebración a la altura de sus emociones.

