David Alonso | 06/08/2007
Hamilton figurará como el vencedor en Hungría pero su triunfo es inmerecido y fraudulento. Sus inmorales amigos de la FIA le regalaron una pole que no le pertenecía . Su victoria queda sepultada bajo una montaña de injusticia. Es un éxito manchado de indecencia, sin ninguna base legal y moralmente inaceptable. Los ineptos comisarios decidieron juzgar una cuestión de equipo. El campeón sigue navegando en solitario y con viento en contra, aunque está acostumbrado. No se puede hundir el talento...
Si Alonso decidiera sumarse a la vorágine epistolar de las últimas semanas y tuviera que escribir a su jefe, intuyo que sería algo así: "Querido Ron. Empiezo a estar harto de todo lo que estoy sufriendo en un equipo en el que más que un bicampeón parezco un intruso intentando usurpar protagonismo al niño bonito de la casa. Son ya muchos desplantes, demasiada indiferencia cuando el que triunfa soy yo y no vuestro protegido, pero espero que estos días os hayáis dado cuenta de que el doctor Jekyll oculta a un Mr. Hyde rebelde y peligroso. No pido privilegios sino igualdad, y que los ingenieros y mecánicos disimulen un poco cuando gane yo. Con eso basta".
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