Artículos de Tomás Roncero Tomás Roncero | 18/07/2008
El Barça viene a por Robinho. Lógico. El brasileño es de los cinco mejores futbolistas del mundo y es normal que lo quieran Abramovich, los Glazer y ese agónico proyecto de Laporta. Pero el madridismo puede dormir tranquilo. Robinho no se irá al Barça. Primero, porque existe una cláusula que más que disuasoria es aterradora: 30.000 millones de las antiguas pesetas. Con ese dinero el Madrid ficharía a Cristiano y le quedarían 100 más para construir el Pabellón Arena de Valdebebas y el soñado Parque Temático. Segundo, porque Robinho ha aprendido a querer el escudo que ahora le paga y jamás le haría ese feo a la afición del Bernabéu. Si se va, será a mejorar su inglés en Londres junto a su admirado Scolari
Laporta quiere dar un bombazo antes de la Asamblea quitándole al eterno enemigo una de sus banderas. Que se olvide. Pero este intento baldío sí confirma una de mis teorías: Robinho debe quedarse en el Madrid. A los buenos nunca hay que venderlos. Están para hacernos felices, no para engordar la caja
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