Artículos de Tomás Roncero Tomás Roncero | 20/07/2008
Me cuentan que Beckham se acercó a Cristiano en el Nokia Theatre de Los Angeles, le estrechó la mano y le deseó suerte en su aventura por los mares del Bernabéu. De galáctico jubilado a galáctico en prácticas. El portugués recibió en Hollywood la blanca alternativa del hombre que se atrevió a plantar cara al látigo de Ferguson aunque ello le costase un botazo en la cara que le partió una ceja. Ahora el ogro escocés se ha puesto gallito en la tierra de Mandela, Charlize Theron y Pistorius. Menos lobos.
Cristiano sigue firme en su órdago y nada le echará atrás, tal y como le comunicó Calderón a sus directivos el pasado jueves antes de vibrar en el Bernabéu con Bruce Springsteen, que para mí es en la música como el Madrid en el fútbol: el Boss. Por eso el americano sigue llenando estadios como si el tiempo no pasase por sus 'raulistas' cuerdas vocales. Springsteen hubiese sido jugador del Madrid si hubiera cambiado la armónica por la pelota. Él siempre sale a ganar. Como el rey de las nueve Copas de Europa, obligado a fichar cada verano al mejor del mundo. Y Cristiano Ronaldo, debates al margen, lo es.
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