Ver su archivo Jose L. Artetxe | 22/09/2006
La intempestiva visita que Lamikiz hizo ayer a Lezama puede pasar a la historia como el penúltimo ejemplo de autonomía mal entendida por el aún presidente del Athletic. Los impulsos personales a menudo colisionan con los intereses generales, y entre estos está la imagen que se proyecta de la entidad. Cualquiera comprendería que Lamikiz fuera a despedirse de todos, pero no fue a eso, tal y como luego contaron sus interlocutores. Entonces, ¿a qué fue? Se le ocurrió y ya está. Quienes se mantienen fieles a su persona, con el desgaste personal que ello conlleva estos días, se enteraron después.
Horas antes, los mismos directivos que quieren rendir cuentas ante el socio y luego protagonizar una "salida ordenada", leyeron en un periódico unas desconcertantes declaraciones de Lamikiz (eran palabras entrecomilladas). Era la antepenúltima prueba de que a este hombre le va lo de desfilar con el paso cambiado, en vez de llevar el del resto del batallón (léase, directiva). Con lo bonito que es ir todos a una y más ahora, que tanta falta hace.
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