Artículos de Tomás Roncero Tomás Roncero | 08/02/2008
La cantera del Madrid vuelve a estar en buenas manos. Miguel Malbo, hace tantos años que la memoria casi no me alcanza, Mezquita y Del Bosque fueron en su día los artífices de que La Fábrica alimentase al primer equipo año tras año. Luego llegó Ramón Martínez y su entramado de amiguetes, que esterilizaron a un Castilla que tardó cuatro años en ascender a Segunda a pesar de tener una magnífica hornada (Diego López, Soldado, Jurado, De la Red, Arbeloa). Ahora las cosas han vuelto a su cauce. Mandiá mantiene al Castilla en las cumbres de la Segunda B, Parejo ya asoma la cabeza en los entrenamientos de Schuster, Míchel saca brillo a los equipos inferiores y, lo más importante, Mijatovic, Bucero y Portugal han montado una estructura de scoutings que empieza a dar sus frutos gracias al trabajo bien hecho.
Los viajes de Willy Fog de Lopetegui y Monfort están resultando satisfactorios. Se trata de que nunca más pase un Messi por delante de tus ojos y no haya un ojeador del Madrid allí para dar el chivatazo a tiempo. Opare es un buen ejemplo de ello. El Mundial Sub-17 nos avisó de que este ghanés de 17 añitos es el mejor lateral derecho del mundo a esa edad. Suficiente para echarle el guante y traérselo a la factoría de Valdebebas. Cierto que para ese puesto está Sergio Ramos (el mejor de Europa en esa demarcación) y que Salgado va a dejarse la piel legítimamente por apurar los dos años de contrato que le quedan. Pero Opare tiene tiempo para ir aclimatándose a la capital y a nuestro fútbol. Cuando haya terminado la mili dará el salto y por cuatro perras el club dispondrá de un león africano que garantizará esa banda junto al Tarzán de Camas
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