Ver su archivo L. J. Moñino | 08/03/2007
Hitzfeld demostró ayer que el fútbol no es tan complicado, que un equipo es una suma de estados de ánimo y de condiciones para el juego. Sin tiempo para abusar de la pizarra cuando le repescaron, no ha hecho un entrenamiento en el que le complicara el juego a sus jugadores. Ha ensayado movimientos básicos que el equipo había perdido porque no creía en Magath y con eso levantó el tono del equipo. Observó detenidamente, les corrigió con críticas futbolísticas que sus jugadores aceptaron porque estaba cargado de razón y les abrió la puerta de su despacho para escucharles. Sabía que su partido era este y lo ha estado preparando con calma.
El martes habló uno por uno con los titulares para explicarles lo que quería de ellos. Según se iba acercando a sus futbolistas iba destapando el once inicial, convencido de que el secretismo no le valdría para nada porque tiene lo que tiene, un equipo apañado que no podía dar más de lo que dio ayer: orden y fútbol sencillo. Eso es lo que se vio y le bastó para ganar. Los periodistas alemanes se extrañaban el martes del entrenamiento de solteros y casados que vieron. ¡Normal¡ Hitzfeld le ha dado un baño a Capello, pero no sólo en el partido. En un mes ha hecho más que el italiano en nueve.
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