Ver su archivo Tomás Guasch | 24/06/2007
En la misma portería donde su paisano Diarra puso al Real Madrid camino hacia el título de Liga (el segundo gol blanco al Mallorca), Kanouté marcó el tanto que le dio anoche el triunfo al Sevilla. Malí volvió a reinar en Madrid, sí. Porque, además, el ariete sevillista fue el mejor de un partido trabado y feo. El Sevilla se llevó pues su tercer título de la temporada; tres de cuatro. Supercopa de Europa, Copa de la UEFA y Copa del Rey. Y sólo se inclinó en la Liga en el último partido. Hay que ser muy bético para no quitarse el sombrero... Pero no fue el mejor Sevilla, lo que confirma que es un equipo muy serio. Esos ganan incluso cuando no juegan bien, como fue el caso de anoche. Seguro que influyó que el de ayer fue su partido número 63 del curso. Ha jugado todos de todas las competiciones. Honor y gloria para Juande Ramos y sus chicos, empezando por el gran Palop, decisivo en la jugada que pudo cambiarlo todo: el mano a mano que le ganó a Güiza con 0-0 en el marcador. Sólo un par de minutos después, y en una acción similar, Kanouté sí pudo con Luis García.
Tampoco fue el Getafe de anoche el que tumbó a Barça y Valencia. Le faltó masticar su fútbol y que Rodríguez Santiago pitara penalti cuando Drago derribó a Manu del Moral, en la recta final de la primera parte. La frustración acabó de nublar las ideas al equipo de Schuster que fue, eso desde luego, un digno finalista de una final sin fútbol ni arbitraje. Lo último lo esperábamos.
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