Artículos de Alfredo Relaño Alfredo Relaño | 26/02/2008
Hace años que lo aprendí, antes incluso de llegar a esa lección en clase de física: el Madrid y el Barça son vasos comunicantes. Es decir: si uno sube, el otro baja. Ahora sube el Barça, y súbitamente parece que el Madrid se derrumba. A medida que el Madrid se desconcierta, el Barça gana partidos, o viceversa. Cuando el Madrid estaba en plena racha de aciertos, de fe y de buenos resultados, al Barça todo le salía torcido. De repente el péndulo vuelve y el Madrid pierde hasta cuando juega bien y el Barça gana hasta cuando juega mal. Los que no valían antes son héroes ahora, y viceversa.
A mí esto me gusta, francamente. Lo que más amo del fútbol es lo desproporcionado de las sensaciones que nos produce. Hemos aprendido, quizá en exceso, a controlar todas esas emociones dentro de nuestro entorno. Pero el fútbol nos desbarata. Tu equipo gana dos partidos y le ves campeón. Pierde dos y le ves liquidado. Y nos enredamos en explicaciones que son tan válidas como las contrarias, empeñados en demostrarnos unos a otros que de fútbol nadie sabe el sábado, y que los lunes sabemos todos. Y lo único que sabemos en realidad es dónde está cada semana la euforia, y dónde la depresión.
Y así están las cosas ahora, con el Madrid agusanado y el Barça volando como un águila. Tiene las velas desplegadas y el viento a favor. Viene de muy atrás y está muy cerca y además ha recuperado a todos, aunque me temo que a Ronaldinho sólo a medias. Pero aun sin Ronaldinho, o con Ronaldinho a medias (o a tercias) el Barça acumula un talento descomunal. El Madrid zozobra, pero quién sabe. Quizá le basten dos victorias (en Huelva y ante el Roma) para invertir la tendencia. Entonces, y sólo entonces, podrá recordar que está dos puntos por delante y que el Barça aún tiene que visitar el Bernabéu.
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