Ver su archivo Miguel Queipo | 12/01/2007
Cuando el 30 de junio Jose Mourinho dé carpetazo a su etapa en el Chelsea (renunciando a cinco años de contrato y a 45 millones de euros netos, alguno debería tomar nota) el técnico portugués no estará más que siguiendo su particular hoja de ruta. Cuando el de Setúbal decidió abandonar un Oporto campeón de Europa en el que, según palabras suyas "estaba yo y luego, Dios", para aceptar la oferta de Abramovich, Mou comenzó a andar su camino, un camino que pretende que finalice en 2014 con Portugal ganando el Mundial... con él de seleccionador.
De momento, Jose va dando los pasos que tenía marcados. Quería estar tres temporadas en Portugal, ganar al menos dos Ligas y despedirse con una Champions. Objetivo cumplido. De ahí, salto a la Premier. Dos títulos ligueros a la saca y el objetivo máximo de la Copa de Europa aún a tiro. El ciclo se cierra, alimentado por lo que servidor ya les contó allá por julio: el primer desencuentro con el club fue por el fichaje de Ashley Cole. Mou le quería, pero no a costa de perder a Gallas. Y Arnesen despachó al galo.
Ahora tocan Serie A o Liga española. El objetivo es el mismo: tres temporadas en cada una (hasta 2013, claro) para ganar dos Ligas y hacerse con la copa de orejas grandes. Ahora suenan fuerte Inter y Milán, pero hay algo que excita a Mourinho, algo que podría alterar su programada vida profesional: se llama Real Madrid y si alguien le otorga plenos poderes deportivos para hacer limpieza en el vestuario, la hoja de ruta será papel mojado...
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