Ver su archivo Pedro Martín | 26/08/2007
Mejuto González necesitaba un nombramiento así para levantar la moral (era la primera vez que era elegido para un derbi madrileño) y necesitaba un arbitraje de este nivel para recuperar la confianza perdida hace un año por asuntos varios. El colegiado asturiano completó una labor aceptable en un encuentro que se le pudo complicar en determinados momentos, pero supo templar los ánimos y salió airoso del trance. Para eso le vino bien mostrar una tarjeta amarilla a Perea nada más empezar el choque, en el minuto seis. El defensa colombiano no era merecedor, pero fue la víctima del primer tumulto. Esa decisión de Mejuto tuvo un efecto balsámico. Es una decisión propia de los buenos árbitros, que no tienen miedo a sacar la primera tarjeta y que se aguantan la segunda. Con los nervios ya templados, el asturiano sólo tuvo que amonestar una vez más en la primera parte, a Pepe, poco antes de la jugada más polémica de ese periodo, protagonizada por Raúl y Seitaridis. Pero Mejuto acertó al no señalar la pena máxima.
En la segunda parte volvió a hacer lo mismo. Amarilla temprana a Guti y luego tranquilidad. En el minuto 69, poco después de castigar a Raúl García, perdonó a Sneijder por un plantillazo a Pablo, en lo que se puede considerar su error más evidente. Ya en la recta final anuló un gol a Forlán por fuera de juego gracias a la excelente vista de Medina Hernández (Mejuto ya puede ir recuperando su fe en los asistentes). Y no me olvido de dos acciones que fueron reclamadas como penaltis, ambas por agarrón, de Pablo a Van Nistelrooy y de Ramos a Agüero. Demasiada poca cosa para decisión tan drástica. Hizo bien Mejuto en pasarlas por alto.
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