Ver su archivo Tomás Guasch | 17/05/2006
Debió ser casualidad que Ole mi niño, uno de los liniers del partido de hoy, se retratara con una camiseta del Barça, allá en su Noruega natal. Ole Hermann. Hermann como aquel inolvidable Monster; la final de la Champions, en manos de un monstruito capaz de retratarse de culé tan ricamente y pedir perdón después, faltaría más. Pero la UEFA no tragó y se lo cargó. ¿Cómo exponerse a que Ole mi niño, en nuevo acto racial, agitará una bandera azulgrana junto a la banda y le pitara fuera de juego a Lehmann en un saque de puerta? ¡Ni uno de nuestros conocidos árbitros-Gamper de la ganadería Armiño se habría atrevido a tanto! Total, que casualmente, ya digo, árbitros y Barça han protagonizado un nuevo equívoco, esta vez a escala continental. Fresco aún el gol mal anulado a Schevchenko en la semifinal del Camp Nou, sale Ole mi niño y arma este lío.
Seguro que el Arsenal movió sus hilos porque una cosa es el fair play británico y otra poner la mejilla y pagar la cama. La UEFA ha reaccionado rápido y bien aunque por sus pasillos mangonea Gaspart, uno de cuyos más íntimos colaboradores se ha venido jactando por Barcelona de que la final "está ganada". Por fútbol, sin duda que el Barça puede ganarla, no en vano es el gran favorito y normalmente ganará. Pero sin la red sospechosa de Ole. La Champions se hizo más grande quitando de en medio a este memo de auxiliar, al que deberían quitarle la bandera y la camiseta. ¡Ave María en qué manos está el fútbol!
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