Artículos de Jordi Jiménez Jordi Jiménez | 22/04/2008
Dicen que el fracaso es huérfano y el éxito tiene muchos padres. Ahora que los 21 goles de Güiza son mérito de tanta y tanta gente, habría que decir dos cosas. La primera que el gran artífice de su éxito es el futbolista. Él y sólo él decide si triunfa o fracasa, si quiere hacer bien su trabajo o no. Y por supuesto es muy importante en qué equipo está, y Mallorca es un buen equipo, no lo olvidemos. Lo segundo que hay que decir es que el hombre que apostó por Güiza, el director deportivo Nando Pons, corrió un serio riesgo. No pocas voces le llamaron temerario por apostar por un jugador que era una incógnita. Aunque hubiera marcado once goles en el Getafe su historial no ofrecía ninguna seguridad y encima había pertenecido al propio Mallorca. Pagar por algo que fue tuyo parece del género tonto, pero el fútbol se mueve por el presente y debe seguir criterios puramente deportivos.
En ese sentido, el mérito de Pons está ahí. Mantuvo su criterio contra viento y marea en un fichaje de riesgo deportivo y económico. Deportivo porque el jugador era imprevisible y económico porque para el Mallorca tres millones de euros es una cifra siempre respetable. La pregunta ahora es por qué se fijó una cláusula de rescisión de tan sólo 15 millones de euros. También quién será el primero en querer pagarlos, pero mejor será pensar en fútbol. ¿Alcanzará Güiza el pichichi? No duden que puede conseguirlo, algo que sería la repera para el Mallorca. También para el propio jugador.
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