Artículos de Damiá Vidagany Damiá Vidagany | 17/04/2008
Imborrable será siempre el recuerdo del Vicente Calderón, el tercer gol del Moro y un evento que, para la posteridad, tendrá color naranja en nuestra memoria histórica. Ese es el color de los valencianos: alegres, entregados y apasionados; una marea inasequible e inquebrantable de buenas gentes que desafiando al fatalismo viajaron centenares de kilómetros para dar un puntapié a las frustraciones de un año que ha sido negro para ellos, pero que debe de terminar bien, salvación mediante. Fue la final de los detalles: de la experiencia y mando de Baraja; de la exhibición de personalidad de Silva y del gol demoledor de Morientes, un profesional y persona que ocupará portadas de enciclopedias en la historia del fútbol español.
Y hay que decirlo, fue el día de Ronald Koeman. Sigo pensando que un partido decisivo lo gana el talento individual, pero justo es reconocer que Arizmendi, Alexis y Mata, las apuestas personales del holandés anoche, fueron decisivas en el transcurso del choque, amén de la excesiva complacencia de un Getafe que se creyó algo más de lo que era, sepultado por elogios edulcorados. Dice la frase "dame un punto de apoyo y moveré el mundo", así que esperemos ahora que el título no se quede en un amor de una noche, sino que sirva como punto de apoyo para el impulso de una entidad que necesita salir a la superficie en las próximas semanas. Bilbao espera pero hasta el domingo, que estalle la armonía y la serenidad.
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