Ver su archivo Antonio Sanfeliú | 21/04/2007
Viendo la convocatoria que presenta Quique en el Santiago Bernabéu esta noche y las bajas con las que va a contar de aquí al final de Liga, hay que reconocer la buena labor que está realizando el entrenador al frente del Valencia. Llegar vivos al tramo decisivo de la competición y, encima, a sólo seis puntos del Barcelona, es digno de elogio. Al madrileño sólo le pierde una cosa, su temperamento, que saca a relucir para quejarse reiteradamente de las penurias que ha pasado su equipo durante esta campaña y, sobre todo, en el capítulo arbitral. Quique es un entrenador de raza y le duelen las injusticias. Tiene consigo a sus hombres y no le han dolido las prendas para defenderlos ni cuanto ha tenido que criticar la dudosa política del tándem Soler-Carboni, por ejemplo, en el caso Ayala. Ir de frente le ha creado problemas y su sinceridad no siempre es bien valorada.
E n cuanto a los colegiados, el preparador ché ya ha estado a punto varias veces de sobrepasar la fina línea que separa la crítica corriente de la agresividad verbal contra los hombres de negro. Pero el técnico también sabe ser humilde y ayer hizo propósito de enmienda y asegura que intentará llevarse mejor con los árbitros. Rectificar es de sabios y quizá los del silbato deberían aprender de este acto de contricción, en vez de amenazar siempre con su Comité Técnico. Porque la palabra rectificar no aparece en su diccionario y eso que a veces meten la pata hasta el corvejón. Como ejemplo, cuando Sánchez Arminio señaló que David Villa se tira demasiado en el área o cuando dijeron que el Real Madrid no había acertado en sus fichajes. Queda claro que todo el mundo llora, todos cometen excesos verbales y siempre hay alguien cuyos errores quedan impunes.
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