Edgar Ayala | 13/05/2008
El pasillo del pasado miércoles no se olvidará nunca. Fue algo apoteósico, la rendición de un Barcelona infl ado artifi - cialmente ante un Real Madrid que, cuyo propio nombre indica, sí es real y no una apariencia fi cticia. Raúl fue el primero en salir y se lo tomó con calma. Carpe Diem, pensó el siete de España y decidió aprovechar el momento. Se fue con mucha calma hacia Rijkaard y le estrechó la mano, tomándose su tiempo. El resto, siempre, respetando al capitán, iba por detrás de él, así que los culés, conforme veían que Raúl no tenía prisa alguna, empezaban a palidecer por la que se les venía encima (la cara de Xavi fue impagable). Tal fue el efecto del pasillo que algunos, como Messi, en lugar de atender a las instrucciones en el centro del campo antes del partido, miraban alucinados al público del Bernabéu pensando algo así como: “¡Madre mía, madre mía! ¿Qué habrá que hacer para llegar a jugar aquí?” La superioridad y majestuosidad del Madrid se trasladó al campo, donde Robben, Guti y Sneijder demostraron que los llamados jugones o artífi - ces del tiqui-taca están en el Real Madrid, para disgusto de aquellos que critican el buen fútbol practicado por el campeón. Y es que los hechos siempre superan a la fi cción.
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