Artículos de Jose L. Artetxe Jose L. Artetxe | 23/04/2008
Pasarán años, para entonces habrá colgado las botas, antes de que Carlos Gurpegi pueda ordenar del todo en su fuero interno el cúmulo de acontecimientos que le ha tocado vivir vestido de corto. Hoy finaliza una etapa muy dura, la más dura de su carrera, recupera la licencia federativa y se le vuelve a permitir ejercer su profesión con todas las consecuencias, pero cuanto viva en el futuro vendrá asimismo condicionado por un proceso que, como él mismo recuerda a menudo, ha dejado su nombre asociado al dopaje para siempre.
Hoy termina la peor parte de su historia y el domingo podrá ser alineado. Es lo único que Gurpegi quería, lo que en realidad echaba de menos, volver a la normalidad, hacer aquello que le gusta y no se le permitía: jugar al fútbol. Lo otro, el castigo, el linchamiento mediático, la sospecha que se convirtió en acusación ciega, los insultos que soportó mientras los diversos recursos le concedían la opción de seguir jugando y, especialmente, el tiempo perdido, no hay manera de compensarlo. Nada ni nadie le resarcirá jamás de todo eso porque es imposible, sencillamente.
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