Ver su archivo Enrique Marín | 15/06/2006
Lo confieso. Cuando se confirmó, pues al principio hubo dudas, que el primer gol de España lo había marcado Alonso mi alegría fue mayor. Me alegré por paisanaje y por lo que la presencia del donostiarra en el once de Luis representa: la manija en manos de un jugón, como mandan los cánones y el buen gusto. Conozco a Xabi desde antes de llegar a la Real, cuando ya destacaba por su fútbol de toque y distinción en el juvenil del Antiguoko. Aunque ahora suene a ventajista, siempre creí que el 14 llegaría donde ha llegado. Benítez aprovechó la incomprensible indecisión del Madrid para llevárselo al Liverpool. Rafa vio en Xabi lo que otros fueron incapaces de ver: su enorme margen de progresión. Siendo ya un excelente y exquisito futbolista en la Real, donde pese a su corta edad se convirtió en el jugador más importante y representativo, Xabi ha crecido en Anfield. Bajo la pesada mirada de Benítez ha adquirido todo lo que necesitaba para alcanzar su mejor nivel. Con precisión de cirujano y el criterio innato para saber a quién, dónde y cuándo pasar, Xabi ha ganado en prestaciones defensivas. Guarda la posición y no se arruga.
Al igual que ha sucedido con Cesc, otro extraordinario todocampista con el que Xabi, Xavi e Iniesta forman el póker de jugones, Alonso ha demostrado en la Premier que la calidad no está reñida con la capacidad defensiva. Y es que más valen veinte balones robados y bien jugados por Alonso, que doscientas interrupciones de Albelda. Luis debería mantener su apuesta por el toque. En contra de lo que algunos sostienen, yo no creo que sea arriesgada. Lo arriesgado es dejar a los mejores en el banquillo. Allí están mejor otros.
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