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Jesús Mínguez | 08/09/2010
Intenso y rápido. Fulgurante. Así ha sido el camino de Roger Federer en el US Open. Cuatro partidos y cuatro victorias en tres sets, sólo 39 juegos entregados, seis horas y 55 minutos. Sin apenas desgaste. Jugando un solo tie-break, al que le llevó Jurgen Melzer en su partido de octavos, pero que neutralizó con la suerte propia de los que están tocados por la varita. Dos bolas que tocan la red y caen dentro: 6-3, 7-6 (7/4) y 6-3.
Esta madrugada (03:00 horas), debería ser diferente. Enfrente tendrá a Robin Soderling. Uno de esos tallos que pasan de 1,90 metros, contra los que se ha estrellado en los últimos Grand Slam en los que se los ha cruzado. Berdych (1,96) le derrotó en Wimbledon. El sueco (1,93), en Roland Garros y Martín del Potro (1,98), en la final del pasado US Open.
Justin Gimelstob, retirado y ahora comentarista de Tennis Channel, los llama "nuevos híbridos". Son capaces de reventar los saques y, a la vez, aceptar el juego de fondo de pista. "Meten una tonelada en el golpeo de la bola, pero a la vez se mueven con desenvoltura", acota el técnico Darren Cahill, analista de ESPN.
Soderling, antes de ganar a Federer en París, había perdido con el suizo en 12 ocasiones. "Ahora lleva dos años formidables -advierte el número dos- y va a ser duro, porque ha saboreado lo que es ganarme. Debo leer muy bien su servicio". El suizo, cinco veces campeón en Nueva York, disputará su 26º cuartos de final consecutivo en un Grand Slam. Sólo Jimmy Connors le supera, con 27.