Miércoles, 15 de Febrero de 2012
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Alejandro Delmás | 10/11/2009
Estoy envuelto en varios compromisos benéficos, como un torneo de golf el Lendl Golf Classic, que se celebra en Wethersfield, Connecticut, para aportar fondos a hospitales especiales para discapacitados. Apoyo a mis tres hijas que compiten en golf: Marika, Isabelle y Caroline. Tengo otras dos, Danielle, a la que llamamos Crash en familia y Nikki. A Crash le gusta la equitación. Nikki sólo tiene nueve años. Inicialmente me planteé que las chicas jugaran al tenis, pero ahí vi que, con el apellido que llevan, la presión podía ser demasiado para ellas.
Lo mejor fue alcanzar el número uno del mundo, cuando gané a McEnroe en la final del US Open de 1985. Ya había batido a John en la final de Roland Garros de 1984, mi primer título de Grand Slam, pero ese triunfo de 1985 en Nueva York me trajo el número uno. Y fue más dulce porque también me sorprendió un poco: McEnroe venía de ganarme dos veces aquel mismo verano. Yo buscaba el número uno y eso se logra con títulos de Slam.
Borg fue un poco anterior, aunque recuerdo un gran duelo con él, la final de Roland Garros en 1981, que me ganó en cinco sets. McEnroe y Connors marcaron mi carrera cuando vi que no podía ser número uno sin ganarles a ellos: eran la clave. Ambos eran zurdos y tenían un juego agresivo, así que tuve que trabajar, con ayuda de Tony Roche, en golpes especiales para usar ante ellos, como el revés cortado y el resto ante el saque de los zurdos.
Tuve que ganar mucha rapidez y me puse en manos de entrenadores de atletismo. Hice régimen, un plan físico especial. Y tardé muchos meses, más de un año, entre 1984 y 85, en consolidar un revés cortado con garantías como para usar ante McEnroe y Connors en el quinto set de un Grand Slam. Lo ensayaba en torneos menores. Estaba seguro de que ese golpe era decisivo y lo entrené constantemente. Supe lo que tenía que hacer para ganarles y supe tener paciencia. No tenía más remedio.
Fue mi gran objetivo. Trabajé todo lo que pude para conseguirlo y llegué a dos finales, que perdí ante Becker y Cash. Pero no es una frustración especial. Una vez preguntaron a Seve Ballesteros, uno de mis ídolos, cómo había llegado a necesitar hasta cuatro putts en un solo hoyo. No olvido su respuesta: 'Muy fácil. Golpeé el primer putt: no entró. El segundo, tampoco. Uno más, y tampoco. El cuarto, dentro'. Yo tuve dos putts en Wimbledon y no entraron.
Los jugadores de nuestra época no tendríamos nada que hacer ante los grandes jugadores de hoy: los atletas o los nadadores de otras épocas tampoco podrían resistir a los de hoy. Nadal y Federer no nos darían opción, nos destruirían o destrozarían. Nada tendríamos que hacer ante esos tipos tan altos, que se mueven tan bien, y con sus reveses a dos manos. Nuestro juego era mucho más lento. Todo se combina: el entrenamiento y sus técnicas, la nutrición. Lo que necesita comer cada jugador en especial para ganar en rapidez. Progresa todo, la medicina, los métodos de entrenamiento, los materiales. Si se une todo con el mismo progreso humano, mejora naturalmente la calidad de los jugadores: y el mismo juego.
Los numeros lo dicen todo. Roger ha batido el récord de títulos de Grand Slam, ¿no? Y, para lograr esos 15 títulos, ha estado en 21 finales de grandes torneos. Yo estuve en 19 finales de Slam, sé de lo que hablo. Sencillamente, Roger es mucho mejor que nadie. Tony Roche y yo hemos hablado mucho de Federer y de su increíble capacidad. Y coincidimos: la gente no tiene una idea exacta de lo que bueno que hay que ser para hacer lo que Roger ha hecho.
Nadal es un prodigio físico y de trabajo. Admiro el modo en que ganó Wimbledon, tras perder dos finales. Identificó todo lo que necesitaba para ser campeón y ganó allí nada menos que a Federer, en un partido épico. Prueba lo que dije anteriormente sobre lo que sucede cuando se unen los nuevos métodos de entrenamiento, nutrición, materiales y el físico de alguien que, casi con 1,90 de talla, es capaz de moverse como hace Nadal. Todo junto da un jugador muy fuerte, durísimo. Puede tener algunos problemas ahora, pero no todo es físico: deben pensar que, desde hace tiempo, muchos chicos jóvenes, como Del Potro o Cilic, le vienen observando. Ellos también se preguntan cómo pueden ganar a Nadal y también identifican los medios necesarios para hacerlo. Hacen sus planes. Con su mentalidad y su espíritu de trabajo, Nadal va a seguir al nivel más alto. También hallará cada vez más problemas. Pero es algo lógico, también forma parte del proceso.
Actualmente, mi idea es, en efecto, visitar Barcelona para presenciar la final de la Copa Davis. A veces, he colaborado con Petr Korda, mi amigo y vecino en Florida, en el desarrollo deportivo de su hija Jessica, que ha estado entre las 25 primeras en el US Open de golf. Y eso que a Korda no le gustaba el golf. Ahora, puede que vaya a Barcelona junto a Korda, que aconseja técnicamente a Radek Stepanek. Aunque ahora yo sea ciudadano de EE UU, no puedo olvidar cómo mi primer gran triunfo fue ganar la Copa Davis, en 1980. Batimos a Italia en la final, en Praga. Nos supo especialmente dulce porque ellos, Italia, nos habían apartado de la final el año anterior, en 1979.
Con Nadal y en su ambiente de Barcelona, ante su público y en una pista lenta de tierra, no hay duda: España tiene más oportunidades. Pero, después de cómo ganaron en Croacia, sé que Berdych y Stepanek no van a rendirse fácilmente. Darán trabajo a los españoles.
Estoy orgulloso de todos mis compromisos y cómo los manejo. Puedes conformarte con pensar que eres el mejor y ser feliz con ello. Pero yo creo más en pensar que tienes que marcarte unos objetivos para ser mejor aún y en prepararte para hacer todo lo que sea necesario para lograr esos objetivos. Así lo entiendo yo.
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