Entre Andy Murray (15 de mayo de 1987) y Novak Djokovic (22 de mayo del mismo año) sólo hay siete días de diferencia. Y cada vez menos distancia también en lo que a su tenis se refiere. En dos semanas, el escocés se ha convertido en la bestia negra del serbio. Djokovic se había plantado en los Masters Series norteamericos con un balance de 4-0 sobre el británico, pero en los dos últimos torneos el cerco se ha estrechado hasta 2-4. En Toronto, Murray había eliminado a Djokovic en los cuartos de Toronto. Y ayer, el británico volvió a batir a Novak, aunque esta vez lo hizo en la final de Cincinnati tras dos tie-breaks, por 7-6 (4) y 7-6 (5), en 2 horas y 22 minutos.
Andy Murray se anotó así el sexto título de su carrera (este año ya había vencido en Doha y Marsella), pero el más importante, porque es su primer Masters Series. De paso, el escocés se une a Djokovic como delfines de Rafa Nadal, el nuevo número uno mundial (allá por el 18 de agosto), que sólo es un año mayor que ambos. Con el permiso de Roger Federer, ellos tres son el presente y el futuro del tenis. Y tres candidatos claros al oro en los Juegos Olímpicos de Pekín.