Puede parecer que el otorgamiento del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a Nadal haya sido una concesión al localismo. Al hecho de ser español. Pero créanme, se lo digo desde Nueva York donde sigo el US Open, Rafa es ya una figura planetaria. En sus partidos la cancha está llena, los principales programas de televisión como el Late show de David Letterman quieren entrevistarle, es popularísimo por su tenis y por su personalidad. Se merecía el galardón y, a su vez, que figure en el palmarés da a la lista un empaque que cobrará mayor dimensión según pase el tiempo. "Tienes 22 años, ¿cuando tengas 25 qué te va a quedar por ganar?", le pregunté. No respondió, porque sus objetivos son inmediatos. Se había propuesto ser número uno del mundo y ya casi lo ha asegurado hasta final de año, lo que le aporta aún más tranquilidad.
Esa calma le puede dar también el título en Nueva York. Yo lo gané sobre hierba en 1965 y Manolo Orantes en tierra en 1975. Me parece que Rafa va a ser el primero en adjudicárselo sobre pista rápida, después de que Juan Carlos Ferrero estuviera muy cerca en 2003. Va a llegar descansado a la semifinal, creo que podrá con Murray y luego ya sólo le separará otro partido de volver a hacer historia.