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Sábado, 25 de Mayo de 2013

HUELVA

"El Cid" corta la única oreja de una corrida sin contenido

El diestro cortó la única oreja del festejo con el que se inauguraron las Fiestas Colombinas de Huelva, una corrida sin contenido de Pereda, que propició que Fandiño y Daniel Luque se marcharan de vacío.

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MUNDOTORO | 02/08/2012

Volver a los orígenes es, en principio, algo bueno. Pero, como todo comportamiento humano, presenta cierta dualidad y tiene también un perfil algo más escarpado. En esa ambivalencia de los orígenes estará pensando probablemente El Cid tras la gran tarde que ha protagonizado en el inicio de la Feria de las Colombinas de Huelva. El de Salteras hizo el toreo que ha engrandecido su carrera pero también volvió a esa espada que le ha borrado tantas tardes grandes de la trayectoria. Con el mejor lote de una corrida de José Luis Pereda bonita de hechuras pero anodina en líneas generales, El Cid toreó con relajo, con mano baja, con reposo, con belleza. Pero la espada dejó en una oreja un premio que podía haber sido de tres, o incluso de cuatro. Tampoco les falló la actitud a Iván Fandiño, que se presentaba en el coso onubense y firmó una actuación seria y con criterio, y a Daniel Luque, que sin arrebatarse en exceso trató de aprovechar las posibilidades que le ofrecieron sus toros. Estos, por desgracia, les ofrecieron pocas.

El Cid firmó ante el primero una de sus mejores faenas del año. Fue un toro noble y con calidad que estuvo siempre en el límite de rajarse. El Cid no le pegó en el caballo y su faena, que brindó al público, tuvo como clave la capacidad para darle celo al toro, dejándole siempre la muleta puesta. Sin apretarle nunca, el sevillano firmó tres tandas sobre el derecho y otras tres por el izquierdo, que tuvieron relajo y mucha despaciosidad. Pinchó, y eso le privó de cortar alguna oreja. El cuarto fue el de más bravura y, por bravura, exigencia, de la tarde. Toro bonito de hechuras al que el de Salteras toreó bien con el capote y en un quite por delantales y que rompió a bueno en banderillas. El Cid lo sacó a los medios y le dio distancia: el toro exigía firmeza y no permitía nada por arriba. Hubo mando y toreo por abajo en la labor de El Cid, inspirado en los adornos, en los pases de pecho, en los cambios de mano. Compuso, con un toro de nota, un trasteo emocionante y con contenido. Pero la espada, esa espada que a El Cid tanto le ha robado, dejó en una oreja lo que pudieron ser tres o incluso cuatro.

Se presentaba en Huelva Iván Fandiño, que no tuvo suerte en el sorteo. Lidió con el lote más deslucido de la corrida y, aún así, dejó buen sabor de boca, por el criterio con el que hizo las cosas, por la limpieza que quiso imprimirle a todo lo que hizo. El segundo no humilló y tenía el viaje corto, y el de Orduña no lo violentó y lo hizo todo a su altura. Sobrado con él, aunque la faena no llegase al tendido por falta de oponente. El quinto fue otro toro deslucido, el más basto dentro de lo bonito de la corrida. Fandiño manejó bien el capote y mostró criterio y coherencia. Le dio tiempo entre tanda y tanda, pero el toro no tenía un problema de fuerza, sino de raza, y no respondió. Era muy difícil triunfar con esos toros, pero la impresión fue buena.

Como buena fue la impresión dejada por Luque. El de Gerena también buscó en todo momento exprimir al máximo las posibilidades que le ofrecieron los dos toros de su lote. El tercero tuvo poca fuerza y llegó a la muleta con las fuerzas muy medidas. A su embestida le faltó emoción y tuvo tendencia a buscar las tablas. Luque trató en todo momento de que el toro no se le fuera y acabó metiéndose en el terreno del toro. En lugar de responder, el de Pereda se afligió y se rajó, que no siempre es necesario irse a tablas para rajarse. El sexto fue otro toro deslucido y falto de raza. Luque lo intentó con él, pero se vio en ese terreno en el que el toro protesta por arriba y doblas las manos por abajo. Sin posibilidad.

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