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Lunes, 20 de Mayo de 2013

TOROS | SAN ISIDRO

Tarde de silencios

Por razones de prejuicio, una corrida en la que más de dos toros no habrían pasado nunca el reconocimiento, fueran aprobados.

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SAN ISIDRO 18

Plaza de toros de Madrid. Decimoctavo festejo de San Isidro. Lleno.


Toros de Baltasar Ibán, bien presentados para su encaste. En general todos hicieron buena pelea en varas menos el cuarto, aunque no ofrecieron opciones en la muleta a excepción del segundo, que fue bueno. El tercero, a menos.


Fermín Spínola, silencio y silencio.


Serafín Marín, ovación con saludos tras aviso y silencio.


Rubén Pinar, silencio tras aviso y silencio.

MUNDOTORO | 27/05/2012

Miauparece que la corrida tuvo trapío. Lo tuvo porque el trapío es original de su origen. Reconforta saber que por razones de prejuicio, una corrida en la que más de dos toros no habrían pasado nunca el reconocimiento, fueran aprobados. Trapío y remate se miraron con la lógica que no se aplica casi nunca y es de agradecer que una ganadería no embastecida, no sea recibida a grito de miau, como se recibió a Bastonito en su día. Toro rechazado y repescado. Memoria. Es importante la memoria. Tuvo el lote de Ibán finura, sienes estrechas, excepto el primero, el toro más bajo de la feria y con la cara más abierta, algunos zancudos o altos de manos, más basto el sexto,... una corrida de toros muy bien presentada para quien desea el toro fiel a su origen. Y dentro de ella, una estrella en casta, raza y poder, el segundo, al que Marín le hizo faena de bemoles. Cuatro bravos en varas, sosito el primero, el tercero fue toro lucido por Pinar, el cuarto manejable a menos, quinto y sexto sin movilidad ni fondo.

Sin el miau se aprecian mejor los toros. Corrida seria. De tipos distintos, pero fieles al origen. Corrida fina y limpia. Y, como suele suceder en algunos casos de defensa de la denominación de origen, festejo donde la pelea entre Marín y el segundo toro no puede pasar desapercibida, salvo que hagamos una fiesta donde asumir el riesgo apenas tenga premio. Un pinchazo y estocada luego de lo que hizo con el toro que hizo es para más que una ovación. Es más, la faena de Pinar al tercero, suelto de peto, sin castigo, dejando siempre distancia de lucimiento, no pude terminar con una ovación al toro y mutis para el torero. No puede, pues, la generosidad y la actitud del toreo, debilitado en los medios por usar esa muleta frágil y sin plomada, o se premia, o estamos apuntillando lo que exigimos. La fiesta es de toros, de toreros y de aficionados. No puede fallar una de las tres patas.

Esta corrida, que reivindica el toro fiel a su origen, el toro fino, el toro de peso medido (la tablilla de hoy dijo más mentiras que en su día Radio Bagdad) puso en evidencia al caballo de picar, grandullón, desproporcionado, sin capacidad picador y montura de abrir las puertas con la mano izquierda. El día que se baje el toro, se bajará el caballo y no veremos esos puyazos largos que se han visto hoy, sino suerte de varas. Ver pelear al segundo de Ibán, de cara palante, sienes, estrechas, fino de cabos, algo zancudo, estrecho y de salida montada, era la pelea de David contra Goliat. Mucho tiempo, y mucho emplearse el toro, al que aliviaron en el segundo encuentro. Quitó Pinar y le dijo el toro: es el derecho. Y por ahí se la puso Marín, que ya lo había toreado bien a la verónica.

Tuvo el toro estas virtudes por ese pitón: fijeza, fuerza, movilidad, humillación, acompañadas por dos evidencias que hicieron más exigente: se venía mejor que se iba, le costaba romper más allá de los vuelos, y esa embestida sin longitud, le hizo ser toro de cuidado. Apostó el torero sabiendo que si tropezaba la tela, el toro se descomponía fiero. Era de distancia milimétrica pues sin irse del todo, jamás admitió amontonarse, y las dos cosas eran suma difícil. Toma y daca, sin un paso atrás, perdiendo las manos el toro a veces de pura casta cuando le obligaba. Esperar a que metiera la cara, aguantar la embestida seca... Por el lado izquierdo pasó topando, regresó a la derecha y cerró con unas manoletinas escalofriantes antes de pinchazo y estocada. La ovación, premio sin justicia.

El tercero salió suelto y sin picar del peto. Toro que apenas mostró la vibración del tercero, a más en banderillas, y toro al que debe mucho haberse visto, al torero. Pinar. Por terrenos: los medios. Por distancia: dejándolo venir y desarrollar su embestida. Porque no se amontonó, si lo hace el toro tropezaba protestando. Faena interesante, bien lograda con la mano derecha y que bajó mucho con la izquierda en el tendido porque no se vio que ese pitón era distinto: pasaba corto y con la cara suelta. La muleta, liviana, fue molestada por el viento. Lo mató de estocada y ni palmas.

El resto de la corrida siguió el guión de la feria. Un zapato de cara abierta, el primero, apretó en exceso en varas, pero había salido sin mostrar mucho empuje y llegó sosito a la muleta. Un quite de Spínola por fregolinas y una estocada, estrenos de faena académica, sin dar importancia a nada. Como en el cuarto, toro manejable y a menos. Fue el quinto toro de primer tercio y de taponazo en la muleta y apagado el sexto.

Sin el miau, de rechifla, se está mejor. Pero no nos resistimos a dejar claro que la razón la imponga el mismo tópico que tanto daño hace. Es lo de Ibán una ganadería mestiza de Guateles (Juan Pedro) Y Contreras y hoy ni es lo uno ni lo otro. Está definida por sí misma. Y, afortunadamente, no embastecida. Las paradojas de esta historia que nos contamos al revés porque el revés es lo que nos interesa, silencian que Baltasar Ibán tuvo que hacer esa cruza porque tenía problemas...con el tamaño. Como lo tuvo coquilla, santa coloma, saltillo, vega-villar, galaches, alipos, apés, incluso lo de Núñez... los toros miau. Los toros gato. Como Bastonito.

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